Hay
que reconocerle algo a Juanjo: Tiene pelotas. Ahí parado, a casi 100 metros de
altura. Es un deportista nato. De chico quiso ser nadador. Con el paso del
tiempo trató de ser futbolista. Luego vino la fiebre del básquet. El tenis no
pasó desapercibido por su vida. El volley fue un amor pasajero. Es irónico, lo
ultimo que intento antes de esto fueron los 100 metros llanos. ¿Será que
prefiere intentarlo de manera horizontal? Tiene una ventaja: la gravedad. Ojo.
El equipo es el mismo: Solo la ropa que lleva puesta, nada de arneses, nada de
trampas. Ahora, reconociéndole las pelotas que tiene ahora, mientras da el
primer salto y luego el segundo final, cabría destacar que esas mismas pelotas
valdrían mucho mas si las hubiera tenido para decidir seguir adelante en alguna
de esas disciplinas. Si hubiera decidido triunfar cueste lo que cueste. Si no
se hubiera rendido ante el primer obstáculo. De haber sido así, Juanjo no
estaría en un movimiento rectilíneo uniformemente acelerado de carrera al piso,
con la única meta. Y que, aunque no sea su mayor logro, hay que reconocérselo
como el primero. Lastima que también sea el último, porque el propósito de su
horizontal carrera es el suicidio. Felicidades Juanjo, conseguiste concretar
una decisión importante en tu vida: ser un idiota cobarde y suicida.

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