Quería escribir sobre dioses
suicidados. Deidades jubiladas. Iba a usar grandes símbolos para metaforizar.
Quería creer que si me esforzaba un poco me podría inspirar. Espero que cada
nueva canción me de la fuerza para gritar. Quemo mis bolsillos para no sentir
el frío de mi pecho. Despliego un repertorio de bromas improvisadas para
ocultar mi realidad. Camino todo el día para no concientizarme del cadáver
inanimado que soy. Lleno mis manos de armas para no sentir el vacío que les
pesa. Porque estoy mudo. Ni mis manos ni mi boca me dejan gritar. Vivo en la
paz de la inactividad. Algunas señales me arrancan una lágrima y me recuerdan
que soy humano, o que alguna vez lo fui y aun lo extraño. Lleno mi vida de
gente para no sentirme tan solo conmigo. Río y sonrío para ahuyentar mi
oscuridad. Admiro fantasías ajenas para no recordar mis sueños perdidos. Y sin
mis manos, estoy mudo. Me siento manco, impotente. Recuerdo las palabras y
consejos, las quiero creer, las racionalizo, pero hay algo en mí que se rompió
y no existe repuesto. Dejé todo por la fantasía que me torturó toda mi vida y
en poco tiempo consumió todo de mí. Ni siquiera me esfuerzo en rimar o hacer
metáforas, me conformo con poder escribir. Un tiempo respiré este arte, viví
este arte, soñé este arte, consumí este arte. Hoy apenas puedo dejar esta
mancha en el papel. Soy una bomba nuclear sin núcleo. La fusión en frío sin
presupuesto. La cura contra el cáncer que no es negocio. De vez en cuando
recuerdo lo que es querer, cuando en pocos minutos mis gatos se llevan el poco
cariño que puedo generar. No puedo encender la chispa. Soy un fósforo mojado.
No puedo arrancar, soy un motor desguasado. La diosa del amor se colgó del
árbol de la vida. El dios del fuego esta internado en un geriátrico, empastillado.
Vivo en la cordura y duermo en la rutina. Soy un zombie más que se obliga a
sonreír y mantiene la foto velada y polvorienta de lo que alguna vez fui.
Intenté ser lo mejor de mí, intenté ser perfecto y hoy todo lo que queda son
mis fallas y defectos, mis miedos y dudas. No soy nadie. No me reconozco. Soy
una billetera, ya no hay poesía. Froto leño con leño, piedra contra piedra.
Estas son las chispas que amagan pero no encienden el fuego. El hielo arde más
que yo. Me niego a amar. Como si fuera posible sin corazón. No quiero entregar
los vestigios de mí.

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