Las 2:00 AM del día de mi cumpleaños, sentado
en la terraza, aguardo solo que la luna se ponga roja como mi dolor, vestido y
abrigado como un delincuente, esperando robarle algo de magia. Arropado con una
frazada como un indigente, esperando que el satélite se apiade de mí con su
limosna de color. La fabrica de acero dejó de sonar, el motor de agua del
tanque también, solo el mismo álbum que me mantiene calmo resuena en mis
auriculares. Mi gata mas grande vaga por la noche, los dos mas chicos volvieron
a su refugio, aun temo que me quiten algo tan hermoso e inocente. Aun dudo que
la luna brinde su espectáculo prometido. Hace meses me prometieron una lluvia
de estrellas que esperé acompañado, y aun sigo esperando, solo. Me prometieron
sueños y esperanzas, y aun sigo esperando. La lentitud del espectáculo me da un
indicio de lo que temo, el día será más lento aun. Por una vez en mi vida deseo
con toda mi alma que este día no suceda, que pase como uno mas, y esa es la
pauta para que la vida se proponga convertirlo en el cumpleaños mas largo y mas
lento de todos. Si no fuera por mi música, un silencio absoluto lo dominaría
todo, pero prefiero negar la real soledad con esa ficticia compañía. Tal vez
baje a buscar el libro infantil que hace 2 días comencé a leer, buscando
encontrarme. Mi gata regresa, anunciándose a gritos y reclamando caricias. Es
hermosa, mimosa, curiosa e inquieta. Por unos minutos me brinda una pizca de compañía.
Volvió hecha una cachorra, tal vez por la magia del acontecimiento astronómico,
tal vez por que por primera vez en meses, esta a solas conmigo, desde que dio a
luz a uno de mis gatitos. Los otros dos no sobrevivieron. El otro cachorrito lo
rescaté hace un par de semanas a esta misma hora, no soportaba escucharlo
llorar, tan chico, tan solo, en el medio de la noche. Veo como la luna va
perdiendo su halo, su alma. Como yo. La oscuridad la va consumiendo, pero antes
de perderse y volverse roja, sus detalles son cada vez más notorios, capaz así
la oscuridad la consuma mejor, sin olvidarse de ninguna parte, como hizo
conmigo. Extrañamente, un tren anuncia el inicio de un viaje de ida, al final
la luna se verá igual que antes, pero nunca será la misma. Por un momento todos
sus lados habrán sido el lado oscuro que nos venía ocultando. Nos revelará su
faceta menos iluminada y nunca volveremos a verla del mismo modo. Mi gata
vuelve a su vagabundeo. Bajo en busca del libro infantil y pañuelos. Nunca fui
amigo del frío. Al intentar entrar recuerdo lo mal diseñadas que están ambas
puertas, casi superpuestas, y que debería haber cerrado solo una de ellas. Por
un segundo pienso que me quedaré afuera toda la noche. Busco soluciones: abrir
la puerta como los delincuentes astutos de películas, con un alicate para uñas,
termino haciéndolo como los delincuentes brutos y violentos del cine, rompiendo
el alambrado y forzando la puerta, irrumpiendo en la casa como el delincuente
que aparento. Me robo a mi mismo mis objetivos y vuelvo a subir, sin cometer el
mismo error con las puertas. El eclipse lleva un ¼ de su proceso. Obviamente no
me esperó, nada lo hará. Las estrellan observan alejadas la transformación de
su amiga, temerosas, precavidas. Yo quisiera estar mas cerca, estar en la luna
mientras la oscuridad me abraza. Sería una mancha negra, incluso antes de que
la sombra del planeta me toque. Mi eclipse jamás terminó. Me pregunto cuantos
seremos los desvelados observadores del ballet cósmico ¿Con que razones? ¿Con
que interpretaciones? ¿Por la pura poesía o por la moda impuesta por los medios
informativos? ¿Cuántos cumplirán años este día, como yo? ¿Cuántos estarán
festejando o ultimando los preparativos? ¿Cuántos no verán la hora de que
termine la fecha? Me acabo de enterar que cumplo el mismo día que el “Viejo”
Breccia, un ídolo que hace rato pasea por las tierras de San Pedro. Y el
eclipse va por la mitad. Pienso en que nunca entendí los eclipses y porque no
pasan mas seguido. Y en que la cámara no logrará captar bien el momento, y solo
quedará en mi memoria, como tantas cosas olvidadas. Un helicóptero irrumpe a un
costado de la noche con sus estrellas artificiales, un avión cruza de lado a
lado, nadie quiere estar ausente. Apunto mi linterna al cielo, pero no sirve de
nada, la oscuridad sigue tragándose a la compañera de los poetas desvelados.
Poco queda de ella sin cubrir. El ultimo instante es el mas largo, pareciera
que la luna peleara por mantenerse pura e iluminada, pero al final perderá,
como yo. Mis ojos ya no dan mas, pican y arden. El evento llega a su punto
culmine y me voy a dormir con otro eclipse sobre mi. Volveré unos segundos,
cuando la luna este a mitad de su recorrido por las sombras, en su momento mas
oscuro, para darle un poco de compañía y recordarle que volverá a brillar.
¿Cómo yo?

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