Hubo un niño que nació espejo. Todo lo
reflejaba. Sus padres no lo juzgaron ni se horrorizaron de esta característica.
Al contrario, lo respetaron como si no tuviera dicha cualidad. Y así, el niño creció,
reflejando esta misma actitud y respeto. Como en su hogar, el era semejante a
cualquier otra persona, afuera, para él, los demás eran semejantes a él. Al
convertirse en hombre, decidió recorrer el mundo. No le fue difícil adaptarse.
“a donde vayas haz lo que veas” estaba en su naturaleza. Conoció todo tipo de
sociedades, todo tipo de costumbres. Solo le bastaba con llegar, observar y
reflejar. Un día, luego de salir de una comunidad hostil que le dejo algunas
marcas, se encontró con una sociedad que lo deslumbró. Era imposible creer lo
que veía. Frente a él se encontraba una comunidad entera de personas espejo.
Personas espejos que, al llegar un visitante, lo observaban y luego reflejaban
sus actitudes y costumbres. Por un largo rato ambos aguardaron, el viajante y
la comunidad, esperando observar algo que reflejar. El viajante, algo resentido
por su última experiencia, dio el primer paso. Se mostró tan hostil como se le habían
presentado a él los habitantes de la última sociedad que había visitado. ¡Gran
Error! La comunidad espejo comenzó a reflejar
esta actitud. Al principio, unos a otros. Empezaron con saludos secos. Luego
los saludos desaparecieron y, mas tarde, aparecieron los insultos, que
derivaron en los golpes. El viajante se refugió en un pequeño hotel, donde el
servicio y la hospitalidad empeoraban día a día. Cuando el viajero, harto de la
hostilidad, decidió emprender rumbo hacia su próximo destino, se encontró con
las consecuencias de su resentimiento. La comunidad entera parecía funcionar
como una sola persona. Y esa única persona parecía resentida con el viajero.
Comenzaron a dirigir su violencia hacia él. Y el, como todo espejo, respondió.
Pero eran más, y reflejaban más, y la respuesta de la sociedad era peor. El círculo
vicioso aumentaba su hostilidad a cada segundo. Hasta que el viajero se
resquebrajo del esfuerzo que tanta agresividad le suponía, y se dejo caer de
rodillas, frágil y sensible. La comunidad entera cayo con él. Todos a su
alrededor comenzaron a sollozar. El viajero se sintió tocado en su interior por
un pequeño espejo llorando desconsoladamente cerca suyo. Lo ayudó a levantarse,
le limpio las lágrimas y le ofreció una sonrisa. La comunidad entera comenzó a
ayudarse entre si, y en cuestión de minutos, se convirtió en la sociedad mas
agradable en la que había alguna vez estado. Tanto fue así, que el viajero vivió
allí el resto de su vida. Formo familia con su esposa, y sus dos espejitos que,
fueron la mayor alegría reflejada por toda la comunidad.

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