Ahí estaba Ana para ella cuando Ricardo
la dejó por su secretaria. Beto nunca le falló como compañero de tragos. Alan
fue el primero en llegar cuando falleció su padre. Oscar la incentivo con todos
sus proyectos. El hombro de Nahuel siempre estuvo para ella. Y mientras sube al
escenario tarima, piensa en todos ellos. ¿Solo los peores momentos necesitan
ser compartidos? ¿Hay cosas más importantes que el día más feliz de su vida?
¿Feliz? No lo siente así. Debería, pero no le sale. Apenas le sale caminar. Se
acerca al atril con una forzada sonrisa y un memorizado discurso. La sonrisa
deja de ser forzada. El discurso se fuga de su memoria. Ahí están todos, recién
llegados, al fondo del salón. Juana susurra un débil y sensible “Gracias” al
micrófono, con los ojos totalmente humedecidos, y baja del escenario, con el
premio entre sus manos. Solo piensa en correr a abrazarlos uno por uno.

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