Ahora
es un 10 de espadas. En la próxima partida será un 2 de copas. Luego será
rodeado por una banda de 7s. Más tarde se encontrara ascendiendo por una
escalera de oros. Y mientras barajan el mazo, de un lado a otro, de arriba
abajo, se pregunta quien es. Porque como comodín, no tiene personalidad fija.
Puede ser una carta alta un día, y al otro, ser la carta mas baja. Puede salvar
la partida, o restar 50 puntos por no estar en buenas compañías. Y nunca
depende de él. Ni la felicidad cuando es la carta más esperada. Ni la angustia
cuando es la menos deseada. El comodín vive en crisis entre partida y partida.
Mientras todas las demás se divierten bien definidas por sus números y sus
“palos”.

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