Vas
buscando una mujer por la vida, sin saber como es ni quien. Pero la buscas
igual, sin siquiera saber porque. Vas encontrando mujeres por la vida. Vas
aprendiendo como y quienes son, pero no son “Ella”. Estas seguro y no sabes
porque. Seguís buscando, con el corazón roto y, a veces, desganado. Seguís
descartando mujeres, pensando en aquella mujer buscada. ¿Quién será? ¿Cómo será?
¿Por qué no aparece? ¿Dónde estará? ¿Existirá? Seguís tu rumbo, sin buscar,
pero con la esperanza de encontrar. Y así la vida sigue, hasta que ella te
encuentra. Viene de buscar un hombre por la vida, sin saber como es ni quien. Pero
lo buscó igual, sin saber porque. Y fue encontrando hombres por la vida,
aprendiendo quienes eran y como. Pero no eran Vos. Estaba segura y no sabía
porque. Y siguió buscando, con el corazón roto y, a veces, desganada.
Descartando hombres, preguntándose ¿Quién serias? ¿Cómo? ¿Por qué no aparecías?
¿Dónde estarías? Y si existías. Siguió su rumbo, buscando, pero sin la
esperanza de encontrar. Siguió su vida, hasta que te encontró. Hay un momento
en la vida de los dos, algo mágico, que les dice “es esa persona”. En ese
instante mágico, la vida les muestra el futuro junto a esa persona y entienden
quien es el otro y porque se buscaban. Ella va a curar tus heridas, y vos las
suyas. Ella va a estar para vos, y vos para ella. Ella será la razón de haber
vivido, vivir y seguir viviendo, y vos la de ella. Y cuando entienden eso, nada
es más mágico, nada tiene tanta importancia. Solo ella. Solo vos. Solo los dos.
Solo hay un alma gemela para cada uno de nosotros.

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