Cada noche me levanto, en silencio, en
medio de la oscuridad. Salgo de la habitación hacia el extenso pasillo, apenas
iluminado por la luna a través de las ventanas. Con valor y terror me dirijo a
la puerta. Todas las noches espero un cambio. Algo diferente a la noche
anterior. Algo que me diga que no va a haber una noche posterior. Mi mente
juega conmigo. Mientras avanzo, veo un payaso desquiciado con un macabro
sentido del humor. Un oscuro emperador con habilidades sobre una extraña fuerza
de poder. Un lagarto humanoide de bata blanca. Un extraterrestre poderoso con
la ambición de destruir el planeta. Y entonces, sin darme cuenta, estoy frente
a esa puerta. Acerco mi mano al picaporte, la abro y espero. El terror se
apodera de mí, pero soy más fuerte. ¿Que amenaza me espera? La puerta se abre
lentamente. El terror supera mi fuerza. Tantas posibilidades, tanta maldad.
Pero lo que me encuentra ahí es peor. Nada más que la simple realidad. Y entre
gritos inconcientes, los enfermeros vuelven a llevarme a mi habitación del
hospital psiquiátrico. Nunca saldré de acá. No mientras la realidad siga siendo
esta.

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