Bruno
tiene 6 años. Se destaca entre sus compañeritos por varias cosas. Sus lentes,
sus camisas bajo el guardapolvo, y que siempre es el primero en levantar la
mano. La tarea siempre hecha y estudiada. Tomas, en cambio, es diferente. No
destaca, salvo por su tamaño, mayor que el de los demás chicos. Y sus notas,
las más bajas de la clase. Pero también sabe como no llamar la atención cuando
lo necesita. Como cuando acosa con golpes y amenazas a Bruno durante los
recreos sin que las autoridades docentes lo atrapen. Día a día, Bruno sufre
este asedio. Todos los días recibe “pelotazos” o se “cae jugando a la mancha”
como le dice a sus padres cuando le preguntan por sus marcas. Bruno sabe que si
acusa a Tomas, la cosa se va a poner más fea.
A
Bruno le encanta ir al colegio, o así era hasta que los acosos se volvieron
insoportables. Hoy es el último examen del año. Capaz el ultimo en ese colegio.
Hay una pequeña posibilidad de mudarse. Y una posibilidad igual de que lo
cambien de colegio. Bruno obtiene otro 10 en su colección. La colección de
aplazos de Tomas necesita hacerle espacio al nuevo integrante. No hay tiempo ni
espacio en los recreos para una golpiza. Por suerte para Bruno, todos los
profesores, y hasta el director, están charlando en el patio. Pero nota a Tomas
y sus amigos planeando algo en secreto.
Cuando
toca el timbre final, el estar en primera fila le da a Bruno la ventaja para
escapar del instituto mucho antes de que Tomas y sus amigos, sentados al fondo,
salgan. Por poco se salva. Tomas lo intercepta una cuadra antes de llegar a su
casa, seguido por sus amigos y los demás compañeritos. El chisme de una pelea
callejera es rápido y nadie se resiste. Bruno termina en el suelo. Tomas encima
suyo.
“¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea!”
Gritan
a su alrededor, en una ronda perfecta. Bruno recibe los golpes llorando.
“¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea!”
Tomas
descarga su ira y envidia en cada puño.
“¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea!”.
Bruno
aprieta los dientes y se cubre la cara. Solo siente el dolor y a la multitud
gritando:
“¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea!”
“¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea!”
“¡Pelea!”
Un
golpe.
“¡Pelea!”
Otro
más.
“¡Pelea!”
Dolor.
“¡Pelea!”
Un
poco más.
“¡Pelea!”
Más
dolor.
“¡Pelea!”
Con
suerte no verá más a Tomas.
“¡Pelea!”
Solo
otro poco más.
“¡Pelea!”
NUNCA MÁS.
En
un acto inesperado, Bruno acierta un golpe en la cara desprevenida de Tomas.
“¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea!”.
Golpe
tras golpe, Bruno se levanta y va ganando posición.
“¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea!”
Ya
no es un anuncio del combate, es una orden externa e interna.
“¡Peleá! ¡Peleá! ¡Peleá!”
Suena
dentro suyo. Bruno pelea como nunca. Y no lo sabe, pero cambia su historia. Una
semana más adelante se mudará, pero no cambiará de colegio. Y al año siguiente seguirá
cursando con Tomas, pero nunca más lo acosará. Bruno es libre a partir de hoy.

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