Triste y cansado llegaba a mi casa. Sin más ánimos.
Sin más fuerzas. Casi arrastrando los pies. Mis parpados cayeron. Volví a
abrirlos, o eso creí. Me encontré en la nada puramente blanca. Sin arribas, sin
abajas ni costados. Y frente a mi, un niño de apariencia familiar. Con un
Cazafantasmas en su mano derecha. Una Tortuga Ninja en la izquierda. El pelo
largo, casi como un "corte taza". Un buzo estampado con una imagen de
Aladdin de Disney. Sabia sin mirar que, bajo ese estampado, figuraba su nombre.
Pero no me atreví a mirar. Yo no sabia a donde ir. O si existía ahí un "a
donde" ir. Vislumbre un cuello de camisa bajo el buzo. Pantalones de
vestir y zapatillas. Mientras más lo observaba, mas familiar y extraño me era.
Y más aterrador. Levanto su brazo derecho. Y con el muñeco me señalo directo a
la cara. Me miro directo a los ojos. Me perdí. En su tristeza. En mi tristeza.
Y llore. "¿Que pasó?" susurro. Seque mis lágrimas con mis puños. Me
arrodille ante el. Y le dije: "Te vas a enamorar mil veces. Vas a sufrir
un millón. Vas a enfrentar el miedo como un caballero enfrenta a un dragón. Vas
a caer como la lluvia en la peor tormenta. Te van a mentir. Te van a usar. Te
vas a sentir solo. Único y solitario. Vas a conocer demasiada gente. Vas a
perder a la mayoría. Vas a ver tambalear tus sueños y esperanzas. Y vas a
sentir que lo que haces es en vano". El niño se sentó y lloro. Como un
hombre que pierde a su amada. Y luego de un rato. Se seco las lágrimas con los
puños. Me miro con ojos tristes y suplicantes. Y pregunto: "¿Pero vas a
seguir siendo yo?". Lo mire fijamente a los ojos. Le tome los brazos
firmemente. Y dije: "Hasta el día en que muera. Me enamorare mil veces más.
Hasta encontrar el verdadero amor. Me enfrentare al miedo como un caballero
enfrenta a un dragón. Me levantare como el arcó iris después de la peor
tormenta. Voy a esquivar las mentiras y la falsedad. Voy a buscar amigos. Y seré
único pero acompañado. Voy a conocer a mucha más gente, para que algunos se
queden a mi lado. Voy a reafirmar mis sueños y esperanzas. Y voy a seguir
haciendo lo que tenga que hacer, aun cuando dude". El niño sonrió. Lo
ayude a levantarse. Saque un chocolate del bolsillo y se lo ofrecí. Volvió a sonreírme
y se fue detrás de mí. Lo vi alejarse. Y al volverme, ya no estaba en esa nada
puramente blanca. De nuevo donde comencé, Saque un chocolate del bolsillo, lo comí
y sonreí. Sabia que bajo ese estampado, en el buzo figuraba mi nombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario