"El Infierno es vivir cada día sin saber la razón de tu existencia." - Sin City

lunes, 30 de julio de 2012

Triste Sentir


"Linda casa" piensa. "Tengo una hermosa familia" se dice. "Acá no me falta el trabajo" pronuncia seguido para si mismo. "Hay amigos de fierro" reflexiona. Pero no lo entiende. No sabe porque. El pecho le quema. Cada vez más seguido. Y mas, cuando sin querer, mira el horizonte. No entiende porque, los ojos le brillan y se le humedecen. Porque en medio de una noche de fiesta, su memoria le trae un atardecer. Viejas caras que hace años ya no ve. Por lo menos no cara a cara. Se siente solo rodeado de gente. Sin hogar en su propia casa. Se siente inútil en su trabajo. Y hasta a veces, huérfano. Y no lo entiende. O no lo quiere entender. Porque una idea da vueltas en su cabeza. Sabe que es la verdad. Pero la niega. No es correcto. No esta bien. Por algo tomo esa decisión. Y en su momento, fue difícil hacerlo. Y hoy no puede echarse atrás. Hoy no quiere echarse atrás. Tantos años... seria imprudente. Tanto tiempo invertido. Arrojado a un tacho de basura. ¿Porque? ¿Por un mero sentimiento que lo invade, día y noche, y no lo deja dormir? No. no puede hacerlo. ¿Y que hay de su familia? no puede arrancarla así porque si. Cambiar todo de la noche a la mañana por un capricho irracional. Pero ese sentimiento triste y melancólico crece y crece, y la idea entra en sus sueños, y en sus pesadillas. ¿Que hacer? ¿Lo que esta bien o lo que siente? Porque, después de tantos años, eso seria, todo un cambio. Siempre hizo lo correcto. Siempre pensó fríamente cada paso. Siempre estuvo bien. No siempre se sintió bien. Y mucho menos ese día. Ese día que tanto dolor le dio. Que tanto dolor le remueve hoy. Dolor que creyó tapar. Pensó que el amor lo curaría. No fue así, ni por el amor a su pareja, que tanto la ama. Ni por el de sus hijos, por los que se desvive. Porque este sentimiento melancólico le quema el pecho como cuando declaro su amor. Como cuando sostuvo a sus recién nacidos en sus brazos. Lleva días mirando esa ventana. Y no es la ventana lo que mira. Ni el paisaje. Mira más allá. A donde ese sentimiento lo lleva. Hasta su tierra patria, más allá del mar y el océano. A ese país que un día no le dio más opción que dejarlo ir. De abandonar esos lugares plagados de memorias hermosas. Recuerdos tanto buenos como malos. Y hoy, décadas después, lo lleva hasta allí. Preguntándose ¿Como estará todo? y no se pregunta por la situación del país, por lo que puede ver en las noticias, sino por esas cosas que solo uno sabe. Que no salen en los diarios. ¿Como salio la hija del vecino en el acto escolar? ¿Hay juegos nuevos en la placita? ¿Sigue habiendo un picadito los viernes? ¿Aprendió el hijo del gordo a hacer un buen asado? esa parejita de la que tanto se rumoreaba ¿Están juntos hoy? y entre tantos recuerdos, viejas caras le vienen a la memoria. Viejas risas y sonrisas que hace tiempo no extrañaba. Y se pregunta por los que supone ya no están. Y se pregunta cuantas nuevas caras habrá. Y ya no puede más. No soporta más. No hay nada que hacerle. Extraña su país. Cada detalle. Esa calle que tenia que esquivar por los baches. El almacenero que tenía cada una de las noticias del barrio. En el vecino que siempre tenía esa buena predisposición para dar una mano y de paso charlar. El sol asoma por esa ventana. Un sol que no es suyo. Que no le pertenece. Que nunca lo abrazo como ese sol que lo vio nacer y crecer ensuciándose en las calles. Y mira su pareja, hija de este sol que lo mira desde la ventana. Y piensa en todo lo correcto que hizo. En sus hijos, más allá de ese hogar que intento tratarlo como tal, que tienen sus propios techos. Y mientras el la mira, ella despierta y lo ve. Ve en sus ojos, eso que viene viendo hace varios meses. Y comprende que el no puede esconderlo mas. Aunque lo intenta, deja de mirar a ese sol adoptivo, se limpia los ojos y fuerza una sonrisa para ella. Ella sonríe y desliza su mano hasta el cajón de su mesa de luz. El no deja de mirarla. No deja de pensar en esas tierras que lo extrañan y lo llaman con el sentimiento. Ella pone entre ellos un par de boletos de avión con destino a esa patria maternal. El sonríe con la boca y con los ojos. El pecho le quema, pero ya no es el mismo fuego. Este fuego se siente mejor. Y empieza a preguntarse por esos detalles que el solo sabe ¿A quien vera? ¿Quien lo reconocerá? ¿Que se pondrá?

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