"El Infierno es vivir cada día sin saber la razón de tu existencia." - Sin City

martes, 31 de julio de 2012

Miguel Comprendió


Miguel nunca fue un gran creyente. Y con el tiempo se convirtió en ateo. A medida pasaban los años, empezó a criticar las ideologías y creencias de aquellos que no compartían su misma mentalidad. Hasta que un día se vio involucrado en una fiesta de navidad. No era de su agrado, pero era un compromiso importante. Su mejor amigo, Manuel, lo había invitado, y Miguel no tenía nada más importante que hacer. Como todos los años, pensaba pasarse la víspera durmiendo, sin más plan, sin darle ni un toque especial a esa velada. Para él era un día mas como cualquier otro. Pero esta vez era diferente, y no lo supo hasta último momento. Miguel se limitaba a comer y ser cordial. No quería ser grosero con su amigo y sus allegados. Y cada vez que podía meter uno de sus bocados de ateo ácido y arrogante, se los guardaba. Y no fue fácil, gran parte de la familia de Manuel eran fanáticos religiosos, o religiosos fanáticos. Miguel no sabia que parte pesaba más. Eran de esa gente que asiste a misa cada domingo y no falta para las fechas especiales como esta. Miguel escuchaba y recopilaba comentarios sin destino en su garganta. Cuando bendecían la mesa. Cuando comentaban de la última procesión. Cuando agradecían a “Dios” por esa persona curada en un hospital profesional de alta calidad. Y Miguel guardaba cada vez más comentarios. Y ya no tenía lugar para guardarlos. Manuel lo salvo del ridículo, una de esas tías abuelas se había acercado a el para hablarle de su vida y de cuantas veces Jesús apareció en forma de señales para ayudarla. Manuel pidió por el brindis antes de la medianoche. Los primeros fuegos artificiales iluminaban el cielo desde la ventana. Todos salieron afuera a ver el espectáculo. En la calle, uno de los vecinos había gastado gran parte de su sueldo en una artillería de fuegos artificiales instalados en el medio de esta, que iluminarían toda la noche. Miguel pensaba en el bolsillo de ese “pobre diablo” que sufriría mas adelante las consecuencias de esa compra capitalista disfrazada de religión. A pesar de las advertencias, Miguel se quedo demasiado cerca de los fuegos artificiales mientras los familiares se reunían para el brindis final que daría inicio a la noche buena. El vecino no lo vio. Los fuegos artificiales estaban por iniciar su recorrido festivo. Cuando alguien le advirtió del peligro, Miguel cansado ya de guardarse su ser, comento “que dios me cuide, si es tan poderoso”. Miguel se distrajo con uno de los fuegos artificiales, un gran espectáculo, capaz el más caro del set. Mal posicionado entre los demás, este espectáculo expansivo, al salir disparado, desequilibro un cañón de 3 tiros. Nadie vio eso. Ni Miguel. Ni el vecino. Ni la familia de Manuel. Nadie salvo Manuel, que reacciono justo a tiempo. Miguel vio como alguien se le arrojo encima y como una triada de fuegos artificiales le pasaban cerca. Miguel comprendió. Que Manuel le acababa de salvar la vida. Que las advertencias no fueron en vano. Que los fuegos artificiales no llegaron a herir a nadie más. Que en su mejor amigo, que se había volteado para desearle felicidades, había encontrado una pequeña gran salvación. Miguel entendió, que no importa como lo llamen, algo hizo que su amigo estuviera atento en el momento justo, ni antes ni después. Miguel vio a todo ese grupo de desconocidos que se acercaba preocupados por el. A ese vecino que había pasado de haber gastado una fortuna por una felicidad momentánea a tener una angustia que de haber pasado algo no se borraría jamás. Miguel veía y entendía, que no estamos solos. Para el, capaz no había un dios, pero había personas que actuaban por el. Miguel se levanto, tranquilizo a su amigo, los parientes y al angustiado vecino. Ayudo a acomodar los demás fuegos artificiales con el vecino. Vigilo que nadie corriera peligro y los encendió. Brindo con los allegados de Manuel. Abrazo fervientemente a su amigo. Charlo largo y tendido con la tía abuela sobre la vida y todas las cosas que vio y vivió. Contó a los niños algunas fábulas que conocía. Y ayudo al tío disfrazado de Papa Noel a repartir los regalos sin revelar la identidad del pariente oculto.

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