Miguel
nunca fue un gran creyente. Y con el tiempo se convirtió en ateo. A medida
pasaban los años, empezó a criticar las ideologías y creencias de aquellos que
no compartían su misma mentalidad. Hasta que un día se vio involucrado en una
fiesta de navidad. No era de su agrado, pero era un compromiso importante. Su
mejor amigo, Manuel, lo había invitado, y Miguel no tenía nada más importante
que hacer. Como todos los años, pensaba pasarse la víspera durmiendo, sin más
plan, sin darle ni un toque especial a esa velada. Para él era un día mas como
cualquier otro. Pero esta vez era diferente, y no lo supo hasta último momento.
Miguel se limitaba a comer y ser cordial. No quería ser grosero con su amigo y
sus allegados. Y cada vez que podía meter uno de sus bocados de ateo ácido y
arrogante, se los guardaba. Y no fue fácil, gran parte de la familia de Manuel
eran fanáticos religiosos, o religiosos fanáticos. Miguel no sabia que parte
pesaba más. Eran de esa gente que asiste a misa cada domingo y no falta para
las fechas especiales como esta. Miguel escuchaba y recopilaba comentarios sin
destino en su garganta. Cuando bendecían la mesa. Cuando comentaban de la última
procesión. Cuando agradecían a “Dios” por esa persona curada en un hospital
profesional de alta calidad. Y Miguel guardaba cada vez más comentarios. Y ya
no tenía lugar para guardarlos. Manuel lo salvo del ridículo, una de esas tías
abuelas se había acercado a el para hablarle de su vida y de cuantas veces Jesús
apareció en forma de señales para ayudarla. Manuel pidió por el brindis antes
de la medianoche. Los primeros fuegos artificiales iluminaban el cielo desde la
ventana. Todos salieron afuera a ver el espectáculo. En la calle, uno de los
vecinos había gastado gran parte de su sueldo en una artillería de fuegos
artificiales instalados en el medio de esta, que iluminarían toda la noche.
Miguel pensaba en el bolsillo de ese “pobre diablo” que sufriría mas adelante
las consecuencias de esa compra capitalista disfrazada de religión. A pesar de
las advertencias, Miguel se quedo demasiado cerca de los fuegos artificiales
mientras los familiares se reunían para el brindis final que daría inicio a la
noche buena. El vecino no lo vio. Los fuegos artificiales estaban por iniciar
su recorrido festivo. Cuando alguien le advirtió del peligro, Miguel cansado ya
de guardarse su ser, comento “que dios me cuide, si es tan poderoso”. Miguel se
distrajo con uno de los fuegos artificiales, un gran espectáculo, capaz el más
caro del set. Mal posicionado entre los demás, este espectáculo expansivo, al
salir disparado, desequilibro un cañón de 3 tiros. Nadie vio eso. Ni Miguel. Ni
el vecino. Ni la familia de Manuel. Nadie salvo Manuel, que reacciono justo a
tiempo. Miguel vio como alguien se le arrojo encima y como una triada de fuegos
artificiales le pasaban cerca. Miguel comprendió. Que Manuel le acababa de
salvar la vida. Que las advertencias no fueron en vano. Que los fuegos
artificiales no llegaron a herir a nadie más. Que en su mejor amigo, que se había
volteado para desearle felicidades, había encontrado una pequeña gran salvación.
Miguel entendió, que no importa como lo llamen, algo hizo que su amigo
estuviera atento en el momento justo, ni antes ni después. Miguel vio a todo
ese grupo de desconocidos que se acercaba preocupados por el. A ese vecino que había
pasado de haber gastado una fortuna por una felicidad momentánea a tener una
angustia que de haber pasado algo no se borraría jamás. Miguel veía y entendía,
que no estamos solos. Para el, capaz no había un dios, pero había personas que
actuaban por el. Miguel se levanto, tranquilizo a su amigo, los parientes y al
angustiado vecino. Ayudo a acomodar los demás fuegos artificiales con el
vecino. Vigilo que nadie corriera peligro y los encendió. Brindo con los
allegados de Manuel. Abrazo fervientemente a su amigo. Charlo largo y tendido
con la tía abuela sobre la vida y todas las cosas que vio y vivió. Contó a los
niños algunas fábulas que conocía. Y ayudo al tío disfrazado de Papa Noel a
repartir los regalos sin revelar la identidad del pariente oculto.

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