Por una calle que da a una plaza, asoman
dos hombres corriendo. Uno persiguiendo al otro. El primero, flaco, de estatura
media, cabello corto, bata blanca abierta, remera azul, jeans y zapatillas,
corre mirando hacia su perseguidor sin comprender porque lo persigue. El
segundo, alto, morrudo, lentes de sol, de campera de cuero, remera roja,
pantalones negro y borcegos, persigue con furia a su presa. Al llegar al centro
de la plaza, el perseguido, harto, gira y hace frente a su cazador, sin perder
el miedo por completo. El perseguidor, cauteloso, se detiene a unos metros y
toma posición de guardia. Durante casi medio minuto se quedan en sus
posiciones, inmóviles. El perseguidor comienza a avanzar lenta y
temerariamente. El perseguido titubea y su posición va perdiendo forma. El
perseguidor acorta a la mitad la distancia entre ambos. El perseguido se
paraliza. Por más que quiere, sus pies no corren en la dirección contraria a su
atacante. Una pequeña explosión por encima de ellos, en medio de ambos.
Los dos levantan la mirada en busca del origen del sonido. Una pequeña caja metálica cae desde
unos metros por encima de ellos, como salida de la nada, y cae al suelo. Ambos
quedan mirándola. La caja, con una voz femenina y robótica emite un número. 5.
El perseguido corre en dirección contraria a su rival. 4. El perseguidor esta
paralizado mirando la caja, por más que quiere, sus pies no corren en dirección
contraria al artefacto. 4. El perseguido reacciona y comprende de antemano la
secuencia de números, la cuenta regresiva. Se esconde tras un árbol de la
plaza. 3. El perseguidor mira suplicante hacia el lugar donde se encuentra su
presa, como esperando una ayuda. 2. El perseguido aguarda temeroso lo
inevitable, agachado detrás del árbol, refugiado entre sus rodillas. 1. El
perseguidor cierra los ojos y aprieta su mandíbula con fuerza. 0. Una explosión
seguida de un silencio total. El perseguido aguarda unos instantes y asoma su
cabeza hacia el lugar de la explosión. No ve nada más que la plaza y restos de
la caja. Se acerca al lugar y toma la pieza más grande de la caja. La analiza
minuciosamente con la mirada. No encuentra una respuesta rápida a su pregunta.
Comienza a juntar las demás partes de la caja, tratando de no pasar por alto ninguno.
Durante su recolección se encuentra con los lentes de sol de su atacante.
En una habitación oscura, apenas
iluminada por la luz de su escritorio de trabajo, se encuentra el antes
perseguido analizando la caja metálica. Lleva puestos unos anteojos sin marco.
Alrededor del artefacto, sobre el escritorio, hay herramientas de todo tipo.
Soldador eléctrico, llave francesa, destornillador Philips, llaves alem, pinzas
de punta, de fuerza y alicate. El hombre, sin perderle vista al artefacto, toma
el soldador y une una pequeña pieza a la parte más grande de la caja.
El despertador suena. Las horas que
marca titilan, señal de que durante la noche hubo un corte de luz. El hombre
despierta, y al ver este detalle en el aparato, se desespera y se recompone de
golpe. Se levanta apresurado. Sabe que no son las “0:00” que le dice el reloj.
Y por la luz del sol entrando en su ventana, supone que son más de las “6:00”,
hora en la que realmente tendría que haber sonado su alarma. Se viste
apresuradamente, sin bañarse, no tiene tiempo. Sin desayunar, en serio no tiene
tiempo. En su mente calcula que son más de las “10:00” de la mañana. Al pasar
junto a su escritorio, sin prestar mucha atención, queriendo tomar sus
anteojos, toma los lentes de sol que están al lado de estos. Accidentalmente,
golpea la caja metálica y esta cae al suelo. Algunas luces del aparato se
prenden. Mientras se queda estupefacto, mirando la caja que no pudo reparar en
toda la noche, guarda los lentes en el bolsillo de la bata, aun sin notar que
no son los suyos. La caja, luego de un par de sonidos electrónicos, vuelve a
emitir la voz femenina. 10. El hombre frunce el seño y se agacha cerca del
aparato, analizándolo. 9. Otra vez reconoce la secuencia numérica y corre hacia
la puerta. 8. Desesperado, junto a la puerta de calle, busca las llaves entre
sus bolsillos, pero solo se encuentra con los lentes de sol. 7. Busca otra
salida con la mirada y se fija en la puerta que da a la otra habitación. Supone
que la cuenta va a terminar en el “0” . 6.
Cuando se encuentra cerca de la puerta que da a la habitación, la caja comienza
a emitir unas luces de colores cegadoras y el ruido de una pequeña explosión.
Instantes después, en el lugar, ya no hay caja, ni hombre huyendo de ella.
El hombre de bata, extrañado, y con los
lentes de sol a un en sus manos, se encuentra parado en una vereda de calle. Al
final de esta, ve una plaza. Detrás suyo suena una pequeña explosión. Se da
vuelta y se encuentra con su antiguo perseguidor, sin sus lentes. Los cuales,
el perseguido deja caer al suelo del susto antes de salir corriendo en dirección
a la plaza. El perseguidor toma sus lentes del suelo y se dispone a perseguir
al otro hombre.

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