Armando
viaja parado en el colectivo, sosteniéndose del caño que pasa por encima de su
cabeza. Su mirada esta perdida más allá de la realidad. Más allá de la
imaginación. No esta en ningún lado. Esta más allá del insomnio. Unas largas
ojeras decoran su rostro. Su cuerpo apenas soporta su propio peso. No logra
enderezarse. Tanto por el cansancio mental, como por el corporal. En su otra
mano, su bolso, aunque liviano, le hace contrapeso pareciendo que lo atrae con
gravedad hacia el suelo. Varias veces parece entrar en transe. Varias veces
parece despertar bruscamente por los movimientos igualmente bruscos del
vehiculo. En su último despertar, desespera al ver más allá de la ventana.
Volvió a pasarse de parada. Esta vez no son tantas cuadras. Corre desesperado a
la puerta. Y mas desesperado aun, toca el timbre. Un semáforo rojo lo salva de
sumarse otra cuadra mas en su contra y el colectivero le abre las puertas.
Armando baja casi tropezándose consigo mismo y corre con todas sus fuerzas (que
apenan le quedan) en dirección contraria al recorrido del colectivo, mientras
va insultándose por lo bajo.

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