Armando se
encuentra inmóvil frente al hombre que salio del cuadro. Este lo analiza de
pies a cabeza, con una expresión de decepción. El hombre se mueve alrededor de
Armando, sin dejar de observarlo, como un crítico a una obra de arte. Hace
ademanes de negación, muecas de reprobación y revolea los ojos. Armando lo
sigue con la mirada. El hombre se detiene un segundo, a espaldas de Armando, se
toma el rostro a la altura de la boca, y por primera vez, se expresa con
palabras.
-Una
verdadera lastima.
-¿Qué?
-Que se
desperdicie un ejemplar así. Pero bueno, cuando la mercancía ya se hecho a
perder…
-¿Qué se
hecho a perder? ¿Tengo algo en el cuerpo?
Armando
comienza a inspeccionarse desesperado, minuciosamente.
-Querido, acá
el cuerpo vale menos que el pueblo en una decisión política. Lo que esta
perdido es tu alma.
-¿Qué? ¿Por
qué? No hice pacto con ningún demonio y no le hago mal a nadie.
-Querido,
querido, querido… Humanos, nunca entienden nada… toman todo tan literalmente… A
veces creo que tendrían que nacer con las instrucciones pegadas al cordón
umbilical…
El hombre
suelta un pequeño suspiro…
-Vení,
aunque tarde, ya vas a entender.
El hombre
pasa delante de Armando y sigue caminando. Armando, sin más, lo sigue. Pasos
mas adelante, aparece una especie de sombra negra en el aire y se extiende
hasta el suelo, donde aparece una puerta. El hombre llama a la puerta y
aguarda. La puerta se abre, y de la oscuridad sale una figura oculta en una túnica
y arrastrando una guadaña en una mano. Armando retrocede instintivamente por el
terror que la figura le causa. Conciente e inconscientemente sabe lo que
representa esa figura. Su significado esta implantado en el conciente colectivo
del mundo.

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