Armando
despierta en una camilla de hospital, en una sala de terapia intensiva. De un
lado el suero gotea por la manguera hasta su muñeca. Del otro, los pitidos y el
grafico de electrocardiogramas. Junto a el, en una silla, durmiendo muy
incomoda, Susana. Parece llevar horas ahí. Armando la despierta despacio. Ella
abre los ojos sorprendida. Sus ojos se humedecen. Sus reacciones son más rápidas
que sus decisiones y lo abraza. Armando, desconcertado, le devuelve el gesto.
Armando
entra al aula donde tomó el examen sorpresa, fresco por el buen dormir que
tiene hace días. Entrega los exámenes a los alumnos. Estos miran las hojas sin
entender, no tienen notas ni están corregidas. Armando se acerca a la puerta y
les dice que lo sigan. Los alumnos, guiados por su profesor, entran a otra
aula. Dentro, hay varios atriles con lienzos y pinceles. El sol ilumina el aula
desde las ventanas en la parte trasera. Los alumnos se dirigen entusiasmados a
los atriles. Armando cierra la puerta y, con una sonrisa real, comienza su
nueva clase.

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