Armando,
desconcertado, cansado y mareado, despierta en el suelo. Se reincorpora
lentamente y al ponerse de pie se da cuenta de lo extraño de su entorno. Se
encuentra en el medio, por así decirlo, de un plano totalmente blanco. Apenas
puede diferenciar el piso de lo demás por la línea del horizonte. Pero no hay nada
más, ninguna diferencia entresuelo y cielo, entre izquierda y derecha, o atrás
y adelante, salvo por una pequeña edificación a lo lejos cerca del distante
horizonte. Sin saber que hacer, donde esta o como salir, se dirige al único
lugar en el que considera puede llegar a encontrar alguna respuesta, ese
pequeño edificio en el horizonte.
Luego de
una larga e interminable caminata sin ningún paisaje, Armando llega a su
objetivo, el único en todo el lugar. El edificio no es un edificio, sino el
aula donde tuvo que tomar un examen sorpresa horas antes como represalia del
comportamiento de sus alumnos. La única diferencia es que el aula esta
recortada de su edificio original, como arrancada, o como si hubieran tirado
todo el edificio alrededor del aula y barrido los escombros con obsesiva
pulcritud. A medida que Armando se va acercando, la altura del edificio va
creciendo como la torre de Babel. Cuando Armando ya se encuentra a la puerta
del aula, sus paredes se extienden hasta parecer tocar el cielo inexistente de
ese plano blanco. Armando acerca su mano al picaporte. El picaporte le sujeta
la mano. La puerta se abre. El aula lo succiona, lo arroja a su silla frente al
escritorio y la puerta se cierra bruscamente. Armando se recompone del susto y
mira a su alrededor. Dentro del aula sus alumnos son gigantes, más violentos y
amenazadores y se comportan como una jauría de bestias salvajes rabiosas y
sedientas de sangre. Dirigen sus miradas ocultas bajo las sombras de sus cejas
hacia Armando, dejando ver una pequeña luz roja fulminante en el lugar de sus
ojos. A Armando comienza a invadirlo el miedo. El escritorio lo aprisiona
contra el pizarrón a sus espaldas. La silla lo toma por las muñecas y lo fuerza
a sentarse. Armando lucha por su libertad mientras las fieras se lo acechan
cada vez más. A medida que se acercan a él pierden sus formas y se vuelven cada
vez más grotescas. Mientras forcejea con la mesa y la silla, que lo retienen,
esquiva los ataques y zarpasos de sus bestiales alumnos. Los rugidos aumentan,
los ataques también. Armando desespera. Se quiebra.
- ¡BASTA!
¡ALEJENSE! ¡DEJENME!
Armando
esta totalmente fuera de si. Los mira amenazante, apretando los dientes. Los
alumnos retroceden lentamente, asustados como cachorros amenazados, hasta
convertirse en sus figuras originales. La mesa se aleja de Armando y vuelve a
su lugar. La silla le suelta las muñecas. El aula vuelve a sus dimensiones
originales. Armando sostiene su mirada y la lleva desde un alumno a otro, sin
vacilar en ningún momento. El aula se desvanece junto con sus alumnos, dejándolo
nuevamente en medio del plano blanco. Armando se queda sin la respuesta que
estaba buscando, pero con una que no buscaba. Un pequeño ruido rítmico le llama
la atención. Busca el lugar de origen. Su mirada se queda en el horizonte, que
simula ser un el grafico de un electrocardiograma midiendo en vivo. Con cada
pitido que Armando oye, el horizonte dibuja una nueva figura en si mismo.

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