"El Infierno es vivir cada día sin saber la razón de tu existencia." - Sin City

martes, 14 de agosto de 2012

Mas Allá El Insomnio - Capitulo 7



Armando, desconcertado, cansado y mareado, despierta en el suelo. Se reincorpora lentamente y al ponerse de pie se da cuenta de lo extraño de su entorno. Se encuentra en el medio, por así decirlo, de un plano totalmente blanco. Apenas puede diferenciar el piso de lo demás por la línea del horizonte. Pero no hay nada más, ninguna diferencia entresuelo y cielo, entre izquierda y derecha, o atrás y adelante, salvo por una pequeña edificación a lo lejos cerca del distante horizonte. Sin saber que hacer, donde esta o como salir, se dirige al único lugar en el que considera puede llegar a encontrar alguna respuesta, ese pequeño edificio en el horizonte.

Luego de una larga e interminable caminata sin ningún paisaje, Armando llega a su objetivo, el único en todo el lugar. El edificio no es un edificio, sino el aula donde tuvo que tomar un examen sorpresa horas antes como represalia del comportamiento de sus alumnos. La única diferencia es que el aula esta recortada de su edificio original, como arrancada, o como si hubieran tirado todo el edificio alrededor del aula y barrido los escombros con obsesiva pulcritud. A medida que Armando se va acercando, la altura del edificio va creciendo como la torre de Babel. Cuando Armando ya se encuentra a la puerta del aula, sus paredes se extienden hasta parecer tocar el cielo inexistente de ese plano blanco. Armando acerca su mano al picaporte. El picaporte le sujeta la mano. La puerta se abre. El aula lo succiona, lo arroja a su silla frente al escritorio y la puerta se cierra bruscamente. Armando se recompone del susto y mira a su alrededor. Dentro del aula sus alumnos son gigantes, más violentos y amenazadores y se comportan como una jauría de bestias salvajes rabiosas y sedientas de sangre. Dirigen sus miradas ocultas bajo las sombras de sus cejas hacia Armando, dejando ver una pequeña luz roja fulminante en el lugar de sus ojos. A Armando comienza a invadirlo el miedo. El escritorio lo aprisiona contra el pizarrón a sus espaldas. La silla lo toma por las muñecas y lo fuerza a sentarse. Armando lucha por su libertad mientras las fieras se lo acechan cada vez más. A medida que se acercan a él pierden sus formas y se vuelven cada vez más grotescas. Mientras forcejea con la mesa y la silla, que lo retienen, esquiva los ataques y zarpasos de sus bestiales alumnos. Los rugidos aumentan, los ataques también. Armando desespera. Se quiebra.

- ¡BASTA! ¡ALEJENSE! ¡DEJENME!

Armando esta totalmente fuera de si. Los mira amenazante, apretando los dientes. Los alumnos retroceden lentamente, asustados como cachorros amenazados, hasta convertirse en sus figuras originales. La mesa se aleja de Armando y vuelve a su lugar. La silla le suelta las muñecas. El aula vuelve a sus dimensiones originales. Armando sostiene su mirada y la lleva desde un alumno a otro, sin vacilar en ningún momento. El aula se desvanece junto con sus alumnos, dejándolo nuevamente en medio del plano blanco. Armando se queda sin la respuesta que estaba buscando, pero con una que no buscaba. Un pequeño ruido rítmico le llama la atención. Busca el lugar de origen. Su mirada se queda en el horizonte, que simula ser un el grafico de un electrocardiograma midiendo en vivo. Con cada pitido que Armando oye, el horizonte dibuja una nueva figura en si mismo.

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