El hombre
sujeta a Armando por un brazo. La figura de túnica se le acerca un poco más.
Armando intenta forcejear, pero siente que la energía se le escapa por esa
muñeca sujeta. El hombre vuelve a dirigirse a Armando.
-¿Por qué
te negas tanto? Venís preparándote para esto. ¿Que propósito tiene seguir allá?
-No. Soy
demasiado joven. Me queda mucho por vivir.
-La que me
faltaba. El tiempo. Como si tuvieran un mínimo que vivir… humanos.
La figura
se acerca más a Armando, hasta estar cara a cara, o algo parecido, ya que a
esta no se le nota el rostro bajo la capucha de la túnica. Aunque al llegar
hasta este punto, se saca la capucha, y el esquelético rostro mira a Armando a
los ojos desde esos orificios oculares vacíos. En lugar de terror, Armando ve
el vacío negro, pero encuentra en esa “no mirada” algo peor. Sin modificar ese
rostro, sin gesticular ninguna expresión, la figura tiene un aire de decepción melancólica.
Una tristeza terrible invade a Armando que se deja caer al suelo rendido,
rompiendo en llanto. La figura intenta consolarlo apoyando su esquelética mano
en el hombro del arrodillado.
-Malditas
pastillas. INSOMNIO DE MIERDA.
La figura
retira su mano del hombro de Armando y suelta unas palabras que parecen no
salir de su boca, como una voz en off muy profunda que se escucha en todo el
plano y en el interior de Armando.
-No vine
por las pastillas, ni por el cansancio. Vine por tu voluntad, la que no te
queda. Años viviendo una vida inconforme, sin una luz, sin un valor. Tenías un
objetivo, tan valioso como el de cualquier otro. Y un camino, tan desafiante
como el de cualquiera. Y lo perdiste todo. Te perdiste en los obstáculos.
Perdiste el objetivo y caminas sin rumbo un camino sin sentido. Nada mas te
vale que vivir por vivir. Un circulo vicioso que ni siquiera se alimenta a si
mismo. Por eso estas acá. Porque te termino de consumir. ¿Qué más te queda para
dar?
-Pero…
tengo un trabajo…
-Que
detestas.
-Una
familia…
-Que hace
años no ves por haber preferido escapar antes que hacerte valer.
-Una profesión…
-Que ya no
disfrutas. No me mientas. No te mientas. Lo único que tenes son cuentas por
pagar y un cuerpo que alimentar, nada mas.
Armando
baja la cabeza, ya no tiene argumentos para discutir. La figura le toma la
mano, lo ayuda a levantarse y lo dirige a la puerta. Armando la sigue
lentamente y sin resistencia.

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