Armando
llega hasta el horizonte. Esta fascinado. Duda un momento, mira atónito la
gruesa línea del horizonte que varia frente a el, formando un nuevo grafico con
cada pitido. Acerca la mano para tocarla, sus palpitaciones aceleran, y con
ellas los pitidos y gráficos del horizonte. Intenta tocar el horizonte, o la
pared que simula haber. Una especie de vidrio, de cristal invisible se lo
impide. Apoya la palma de su mano en el. No pasa nada. Acerca su cara e intenta
ver a través de el. Nada. Los gráficos del horizonte desaparecieron con la aparición
del vidrio. Los pitidos también. Se aleja un poco. Una figura, una especie de
sombra deforme, aparece frente a el. Se acerca para verla con más claridad. La
figura se hace más difusa. Armando se aleja más que antes. Por un momento
vislumbra la figura de Susana. Luego la misma figura indefinida de antes vuelve
a aparecer. Se aleja mas hasta que la figura se define como una versión extraña
de el. Como el reflejo deforme de un espejo extraño de una “casa de los
espejos”. Es una versión más baja, más flaca, afeada, de ropas gastadas. De movimientos
y expresiones temerosas e inseguras. Tímido, casi sin actitud. Tiene los
bolsillos del pantalón repletos de pinceles desprolijos y sucios. Intenta
esquivar su reflejo para ver detrás, para volver a ver la figura de Susana. Su
reflejo se lo impide. Armando se acerca, y el reflejo a él. Intenta correrlo
con sus manos. Ella puede tener la respuesta para salir de ahí. Eso se dice a
si mismo. Esa no es la razón por la que pelea con su reflejo. El cual le sigue
impidiendo ver más allá. Armando, nota un pincel del bolsillo del reflejo
sobresaliendo del vidrio. Intenta tocar su reflejo desde ahí y correrlo desde
ese punto. Solo logra sacar el pincel del reflejo. Intenta golpear al reflejo
con el reverso del pincel. No surte ningún efecto. Armando, casi resignado,
mira el pincel en su mano. Nota algo en la punta manchada. No es pintura. Es
algo más. Como una parte de él. Sabe bien que es. Pero no lo cree. Acerca la
punta del pincel a su reflejo y lo apoya en la nariz, que al contacto con el
pincel, pasa de ser una nariz exageradamente aguileña a lo que es la nariz de
Armando en realidad. Armando no lo puede creer. Eso que vio en la punta del
pincel era, efectivamente, su nariz. Vuelve a mirar el pincel. Ve algo más.
Vuelva a apoyar el pincel en el reflejo y comienza a desfigurarlo de pies a
cabeza, hasta dejarlo como un reflejo perfecto de él, y mas luminoso. Armando
deja caer su pincel. Mueve su mano para tocar su reflejo. Este lo imita cual
espejo. Al tocarse, el vidrio se funde con él, como un líquido absorbido por la
mano de Armando. La imagen nítida de Susana aparece frente a él.

No hay comentarios:
Publicar un comentario