Armando
esta frente a la pintura inconclusa que se le apareció. En ella hay apenas la
expresión triste de un rostro indefinido. Armando la mira detenidamente. Luego
busca algo en el suelo. Encuentra, en el mismo lugar donde lo dejo hacer, el
pincel con el que reformulo su reflejo. Lo toma y se acerca al cuadro. Acerca
el pincel al lienzo y este comienza a tomar colar casi mágicamente en el lugar
de contacto. Armando comienza a completar la obra cuidadosamente. Se toma su
tiempo. Lo disfruta, y se nota en la expresión de su rostro. Su cuerpo se mueve
libre, sin tensiones. Armando termina el cuadro, agitado, contento y radiante.
Ya no hay en él ningún efecto del insomnio. Parece lucido como si hubiera
dormido años seguidos de siestas reparadoras. En el cuadro, el rostro es el
mismo que vio antes de caer desmayado al suelo luego de tomarse el coctel de
pastillas para dormir. El hombre le sonríe, extiende sus manos a través del
cuadro y sale con esfuerzo de este. De aspecto hippie, descuidado. Sin tunica
ni guadaña.

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