"El Infierno es vivir cada día sin saber la razón de tu existencia." - Sin City

lunes, 13 de agosto de 2012

Mas Allá El Insomnio - Capitulo 6


Armando abre la puerta de su casa, devastado de cansancio. Deja caer su bolso sobre la mesa, llega hasta la llave eléctrica y enciende la luz. Se dirige a la heladera, asoma la cabeza y busca algún plato de sobras que necesite poco o nulo proceso para comerlo. No tiene ganas de cocinar. No tiene ganas de nada. Toma un plato de fideos con manteca y los lleva hasta el microondas. No más de 2 minutos de cocción, tampoco quiere esperar a comer. Mientras come los fideos recalentados, con un vaso de agua a mano, prepara en su PC, las clases para el día siguiente. 5 temas diferentes en 7 clases, en un solo día.

Horas más tarde, Armando da vueltas en su cama otra vez. Lleva poco mas de una hora intentando dormirse, pero con todo lo que le viene costando hacerlo hace unos días, es una hora más a la cuenta. La gota que rebalsa el vaso. Armando se destapa con un movimiento brusco, se levanta, toma el blister de pastillas sin pegarle una ojeada y se dirige al comedor, donde tiene su botiquín de productos farmacéuticos. Abre el pequeño armario y agarra todos los blisters de pastillas para el insomnio que viene probando hace días. Por separado no le funcionaron. Extrae una de cada una de las diferentes pastillas y las junta en su mano izquierda. Se dirige a la cocina y se sirve un vaso con agua. Mira dudoso el manojo de pastillas. Un reloj detrás suyo marca el cambio de hora, son las 3:00 AM, le quedan 3 horas de sueño con suerte. Aprieta con fuerza el manojo, cierra los ojos, abre la boca, se mete el manojo en la boca y de un gran trago vacía el vaso. Baja el vaso lentamente mientras las pastillas recorren su esófago. Mira el fondo del vaso vacío mientras un ardor le recorre el pecho hasta llegar al estomago. El vaso se nubla desde su centro y así todo a su vista hasta ver todo blanco. Antes de caer al suelo, Armando tiene una visión de un hombre, viejo, de barba, con tunica y guadaña. Luego, el piso lo recibe con un fuerte golpe. Armando ya no lo siente. No siente mas nada.

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