Armando,
parado junto a la puerta del aula, recibe las hojas del examen sorpresa
mientras los alumnos van saliendo con expresiones de rencor reprimido. Al salir
el último alumno, Armando vuelve a su escritorio a buscar sus cosas y guardar
los exámenes en su bolso. Cuando sale por la puerta, choca torpemente con Susana.
Armando la mira de pies a cabeza, quedando en su cara, rodeada de su pelo rubio
ondeado, apenas mirándola a los ojos. Susana no pareciera ser del mismo
ambiente que Armando. Lleva ropa elegante pero casual. Susana ni siquiera
parece poder convivir en el mismo mundo que Amando. Ella, alegre y firme,
destila vida y simpatía. El solo destila sueño y cansancio. Y encima, al verla,
Armando comienza a destilar nervios.
- Armando,
¿Cómo estas?
- Bien,
bien… ¿Vos?
- Bien.
¿Seguro estas bien vos? Te noto medio decaído.
- No. No es
nada. Un poco de sueño nada más. Me tengo que ir a la próxima clase.
- Bueno,
dale. Yo también. Cuídate ¿Si?
Armando
intenta escapar de la cercanía de Susana, ella intenta entrar al aula que
Armando acaba de vaciar. Varias veces uno entorpece el objetivo del otro.
Parecen, por unos segundos, bailar una danza torpe. Finalmente, él la deja
pasar y se va sin saludarla, sin voltearse, sin darse vuelta una vez más para
retener su figura en su memoria.

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