En una
pequeña habitación de un departamento de 2 ambientes, Armando duerme, o intenta
hacerlo desde que se acostó. Como lo intenta cada noche, desde hace varios días.
Armando da vueltas en su cama, mientras la luz del sol asoma por los orificios
de la ventana, iluminándolo desde su pelo corto revuelto hasta sus pies
desnudos fuera de las sabanas. Su cuerpo delgado y largo se retuerce tratando
de reconciliar ese sueño esquivo que lo tortura desde hace días. Tapa y destapa
con las sabanas sus ojos enrojecidos. El inoportuno despertador le marca que
son las 6:00 AM. El brazo de Armando serpentea por al lado del vaso de agua y el
blister de pastillas para dormir que nunca surtieron efecto. Otra marca que le mintió.
Apaga ese despertador que lo irrita mas de lo que ya esta. Se levanta sin
fuerzas de la cama, y arrastra su cuerpo hasta la bañera, pasando por junto a
su PC. Abre la ducha y vuelve refunfuñando bajo a su cuarto, ya que olvido su
ropa. Pasa junto a un viejo atril de pintura con un cuadro, ambos tapados por
una tela que demuestra que lleva un largo tiempo así. Armando toma del placard,
una camisa, un pantalón, y su ropa interior. El cuadro de Dalí que decora la
cabecera de su cama lo mira de reojo al pasar. Vuelve al baño arrastrando los
pies, barriendo el camino con sus pantuflas. Se mete en la ducha y trata de
limpiarse el insomnio.

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